domingo, 31 de mayo de 2020

DOMINGO DE PENTECOSTÉS “VENDRÁ PARA NOSOTROS EL ESPÍRITU QUE DA VIDA” (SR. CANGO. P. JAIME GUTIÉRREZ GUTIÉRREZ)

Nunca, como hoy, sumergidos en el dolor de esta pandemia, anhelamos que “resplandezca sobre nosotros el fulgor de Dios todopoderoso.” Esperamos con vehemencia que “el Señor Dios derrame su Espíritu sobre todos.” Y como el profeta Joel, queremos “soñar sueños y ver visiones” que nos anuncien, que ya está pasando la sombra de esta contaminación y de tantas muertes.
Sin embargo, somos conscientes de que todas las voces nos dicen que este virus vino para quedarse con nosotros. Por eso, no pretendamos poner “punto final” a nuestras precauciones sanitarias; la vida hay que vivirla, en cada momento, poniendo una “coma” que nos anuncie algo nuevo y mejor que vendrá de lo “Alto,” siempre por nuestra mediación. Por eso es muy importante que no perdamos la paz que Dios nos da. 
María, la Madre de Dios y Madre nuestra, así como, “a puerta cerrada,” se reunió con los apóstoles, la Iglesia Naciente, también ahora se reúne con nosotros, la Iglesia “Universal,” donde cabe el mundo entero, y se reúne para ORAR, invocando al Espíritu Santo, Señor y Dador de vida que venga.  
Nos invita, la Gran Intercesora, María, no para llorar al Dios que se fue, sino para invocar al Dios, prometido, que vendrá.  Con el apóstol San Pablo, “hay que invocar el nombre del Señor que nos salvará.” Hay que aferrarnos a su promesa que nos dice que “vendrá sobre sus elegidos.
El diluvio del Espíritu Santo está por venir. Y “todo el mundo gemimos como quien sufre dolores de parto.” “Gemimos interiormente anhelando que se realice plenamente nuestra condición de hijos de Dios.” ¡Hoy, pues, será nuestro Pentecostés! 
Preparémonos a ser mujeres y hombres nuevos, porque…, cuando se abrió la puerta, Pedro y los demás se dieron cuenta, “de golpe y de tajo,” de que a una nueva realidad los enfrentaba. Había que dejar el miedo y la cobardía, el temor de experimentar la muerte, sabiendo –como ellos sabían- que predicarían la vida eterna de un Dios, muerto y ahora resucitado; Vencedor del Maligno, del pecado y de la muerte.
Por eso, hermanos, hemos de estar encerrados estos días, como el grano en la tierra, desarrollando más a fondo nuestro ser mismo, preguntándonos “quiénes somos y para qué estamos en este mundo.” Y así, cuando sople su aliento el Espíritu Santo, saldremos a enfrentar, gozosos, la nueva realidad que exigirá una nueva forma de vivirla.

REDES SOCIALES OFICIALES: 
FACEBOOK: CATEDRAL BASÍLICA DE SAN JUAN DE LOS LAGOS
INSTAGRAM: CATEDRAL BASÍLICA DE SAN JUAN 
TWITTER: @Virgen_SanJuan

EL MILAGRO DE LA CABELLERA DE LA VIRGEN DE SAN JUAN.- Dr. José Everardo López-Padilla

HISTORIA Y MILAGRO DE LA CABELLERA DE NTRA. SRA. DE SAN JUAN

No sabemos cuándo comenzó a presentarse la bendita Imagen de Ntra. Sra. de San Juan con cabellera de pelo natural, así como tampoco sabemos cuándo comenzó a exhibirse con vestido y manto.

No nos atrevemos a plantear, ni siquiera como duda, si antes del primer milagro de 1623, en el largo periodo de 80 años, fuera venerada con vestido y manto sobrepuesto, y mucho menos con cabellera de pelo natural.

El rostro y las manos juntas, parecen indicar que podían ser dignamente presentadas ya sea sobrevestida o ya sea la Imagen sola, sin más añadiduras.

Por el relato contado por el Capellán Mayor Don Juan Contreras Fuerte de este milagro que vamos a presentar, podemos concluir que, desde años antes a 1661 o 1662, la bendita Imagen era presentada con cabellera natural.

Esto cuenta el Capellán Mayor:

"Sin saber qué año fue (si 1661 o 1662), declaró que habiendo llegado a este Santuario Doña Isabel de Bocanegra en compañía de su marido Don Juan de Maldonado (Alcalde Mayor de las Minas de Sombrerete) trajo esta señora una licencia por escrito del Sr. Obispo Don Juan Ruiz Colmenero para que vistiera a la Santísima Virgen de San Juan. 

Para cumplimentar el mandato del Sr. Obispo le presenté los vestidos y joyas que tenía la Virgen. Ella escogió un vestido de lama verde y le puso una cabellera de cabellos muy negros que había traído. 

Fue con mi desagrado, porque creía que ese color desdecía mucho. Tampoco me agradaba que la estuviera vistiendo del modo que lo estaba haciendo. Una vez que terminó, puse la Sagrada Imagen dentro de su caja. 

Y a los muy pocos días cayó en la cuenta, este testigo y el Padre Nicolás Pérez, que el color de la cabellera no era el que yo le había visto poner, la cabellera ahora tenía un color como de avellana. La dejé por algunos días puesta y di cuenta al Sr. Obispo Colmenero (de grata memoria). Luego la repartí como reliquias, entre otros, al Ilustrísimo Sr. Obispo de Michoacán Don Fray Marcos Ramírez de Prado, al Sr. Deán de Guadalajara Don Bartolomé de Saviña, entonces Provisor y Vicario General. Y este suceso lo tuve por prodigio y milagro de la Virgen de San Juan. 

FUENTE: 
López-Padilla, José Everardo; Gutiérrez-Gutiérrez, Jaime (2019). La Imagen de Nuestra Señora de San Juan. Acento Editores. Guadalajara, Jalisco.

REDES SOCIALES OFICIALES:
-Facebook: Catedral Basílica de San Juan de los Lagos
-Instagram: Catedral Basílica de San Juan
-Twitter: @Virgen_SanJuan


sábado, 30 de mayo de 2020

DOMINGO DE PENTECOSTÉS.- Sr. Cango. P. Trinidad Márquez Guerrero

Hch 2, 1-11; Sal 103; 1 Cor 12, 3-7. 12-13; Jn 20, 19-23

Hoy celebramos la gran fiesta de Pentecostés, acontecimiento en el que se cumple la promesa que Jesús había hecho a sus discípulos, enviándonos el Espíritu Santo. No les ha dejado solos. Con esta nueva presencia cambia la tristeza en alegría, los recuerdos de dolor, fracaso y traición en perdón, abre las puertas que había cerrado el miedo, les hace entenderse por todos. Y pone en sus corazones el deseo imperioso de contar lo que habían visto y oído de Jesús.

De estar reunidos en un mismo lugar, los discípulos pasan a estar unidos para testimoniar con la palabra y los hechos por todo el mundo que solo hay nombre en el que podemos ser salvados, Jesús. A partir de ese momento, cada uno los oye hablar en su propia lengua. La diversidad de las lenguas representa la diversidad de las culturas y habla de la Iglesia, la comunidad de los discípulos, como enviada a todos los pueblos y a todas las culturas, para anunciar e instaurar el reino de Dios pregonando el evangelio de Jesucristo. A partir de Pentecostés, los discípulos difícilmente podrán volver a estar reunidos todos en un mismo lugar, pero es a partir de ese momento que estarán más unidos y fortalecidos que nunca, porque el Espíritu Santo hará de la Iglesia misterio de comunión a semejanza del misterio de Dios Uno y Trino.

El Espíritu no es derramado en el creyente como un don individual. El cristiano no es un asceta ni un místico solitario. El Espíritu es un don que entabla vínculos de fraternidad, que forma familia y hace la comunidad. El don de la unidad se sostiene de la espiritualidad de comunión, que brota del corazón del misterio de la Trinidad: “Hay diferentes dones, pero el Espíritu es el mismo. Hay diferentes servicios, pero el Señor es el mismo. Hay diferentes actividades, pero Dios que, hace todo en todos, es el mismo. En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común”. Misterio que habita en nosotros, y cuya luz ha de ser reconocida también en el rostro de los hermanos que están a nuestro lado, ver ante todo lo que hay de positivo en el otro. Es la capacidad de sentir al hermano de fe en la unidad profunda del Cuerpo místico de Cristo.

Se habla del misterio de Pentecostés bajo los elementos de viento y fuego, que en estado natural son inconmensurables, imprevisibles, no programables. Simbolizan la fuerza y la libertad del Espíritu, cuya fidelidad se muestra en la medida en que el discípulo no tenga la pretensión de administrarlo.

Los que vieron y escucharon a los discípulos en Pentecostés quedaron sorprendidos, fuera de sí, pero únicamente porque aparecían fuera de sí aquellos hombres hasta ahora temerosos, que arrebatados por el viento y el fuego del Espíritu dejaron atrás todos sus miedos y confiando solo en Dios se lanzaron a cumplir con la misión que Jesús les había confiado. Ojalá que nosotros, como creyentes, como Iglesia, pudiéramos despertar entusiasmo y hablar de las maravillas de Dios con tal alegría y frescura que pudiéramos atraer a otros. Que en la pluralidad de dones, servicios y actividades que tenemos como Iglesia católica pudiéramos testimoniar la verdad, para que el mundo crea, haciendo realidad el deseo del Señor.

Cómo sabremos si el Espíritu nos asiste. Si logras decir una oración; si sin que nadie te lo mande eres capaz de compartir tu pan con el necesitado; si tienes fuerza para que el recuerdo ya no te haga daño y logras perdonar; si encuentras a uno que te dirige una palabra viva, eficaz, original que es capaz de mover tu corazón; si lees una página resabida del evangelio como si la hubieras descubierto en ese momento; si te avergüenzas de tus pecados y entran de improvisto ganas de llevar una vida nueva, quiere decir que es el Espíritu quien te hace sentir, quien lo ha puesto en tu corazón, quien te ha inspirado, quien está actuando en ti con su acción purificadora y fecunda. No tengas duda, que nadie puede experimentar el don de Dios, si no es bajo la acción del Espíritu Santo.

Pidamos que ese viento extraño de Pentecostés irrumpa en nuestra casa, en nuestra vida para que nos lance fuera sin temor a proclamar las maravillas de Dios.

Que María, maestra y modelo de unidad en torno a los Apóstoles y los discípulos, abra nuestros corazones a la acción del Espíritu Santo en nuestras almas para que hagamos lo que su Hijo nos manda y como Iglesia seamos uno como Él y el Padre.

«Por tu limpia Concepción y belleza sin igual, cúbrenos con tu manto, Madre Santísima de San Juan».

lunes, 25 de mayo de 2020

MILAGRO DEL ACEITE QUE NUNCA FALTÓ EN EL SANTUARIO DE NTRA. SRA. DE SAN JUAN (Dr. José Everardo López-Padilla)

EL ACEITE QUE NUNCA FALTÓ 
En octubre de 1662, el Padre Juan Contreras Fuerte encontró que quedaba muy poco aceite para la lámpara de la Santísima Virgen. Por ese motivo, buscando lo más cerca, fue al pueblo de Teocaltiche a conseguir prestada una botija de aceite. Pero no encontró ni prestada ni comprada. Con esta preocupación, el día de San Lucas, llamó al sacristán Sebastián de Salazar para preguntarle qué cantidad de aceite había todavía. Le trajo la botija y la vio, considerando que sólo quedaba un cuartillo, poco más o menos. Y para ahorrarlo le mandó que por la noche no gastara aceite, sino que encendiera velas cerca a la Imagen de Nuestra Señora de San Juan. Y de día, le pidió que se gastara el poco aceite que había. Habiendo así quedado, le dio para aquella noche una candela de media libra. Al día siguiente, muy de mañana, entró el sacristán, admirado, con una candela en la mano, diciéndole: “Esta es la candela que Vuestra Majestad me mandó encender anoche; apagada la hallé y la lámpara estaba ardiendo y el vaso lleno de aceite”. Sorprendido de tal noticia, el Padre Juan Contreras Fuerte fue a ver con sus propios ojos, reconociendo que era cierto. Y le dijo: “Tenemos suficiente aceite para ir a traer el necesario a Guadalajara”. Inexplicablemente, el poco aceite que había duró ardiendo seis días con sus noches en lo que fue y vino el mozo a Guadalajara, y más que faltar, sobró. Y tomándolo a milagro, separó como reliquia un poco de este aceite[1]
REDES SOCIALES OFICIALES:
--FACEBOOK: Catedral Basílica de San Juan de los Lagos
--INSTAGRAM: Catedral Basílica de San Juan
--TWITTER: @Virgen_SanJuan


[1] Archivo Histórico Catedral Basílica de San Juan de los Lagos. Informe de Milagros de Nuestra Señora de San Juan por el Padre Juan Contreras Fuerte en 1668.

NTRA. SRA. DE SAN JUAN CURA A UNA PACIENTE DE CÁNCER DE MAMA EN EL 2015 (Dr. José Everardo López Padilla)

LA MILAGROSA CURACIÓN DE CÁNCER DE MAMA
En el año 2015, el Dr. José Everardo López Padilla fue testigo presencial del siguiente suceso: en los primeros días del mes de julio, se presentó ante el Padre Juan Francisco Navarro (entonces Vicario General de la Diócesis de San Juan) una mujer que le pedía le permitiese entrar a un cambio de vestido de la Virgen de San Juan, debido a que, desde hacía algunos años, padecía cáncer de mama con metástasis (invasión a otras partes del cuerpo) y recientemente había sido desahuciada por los Médicos; su mayor ilusión era poder tener cerquita de sí misma a nuestra Madre Santísima de San Juan y platicar con Ella. El Padre Juan Francisco, conmovido, la invitó al cambio de la Virgen que se realizaría el día 31 de julio de ese mismo año. Llegado el momento, por la noche, estando la mujer en el Camarín, fue testigo de la bajada de la bendita Imagen de Nuestra Señora, y jamás imaginó que el Padre Juan Francisco iría directo hacia ella para colocarle el manto de la Virgen en su pecho. La señora, al entrar en contacto con la prenda bendita, testifica que “sintió una especie de calor que recorría todo su cuerpo, y que la invadía una inmensa paz interna”. Mientras tanto, se desbordaba en un mar de lágrimas, pero “lágrimas de felicidad”. Al terminar el cambio, el mismo Padre Juan Francisco puso frente a la señora la Imagen de Nuestra Señora de San Juan para que le pidiera un milagro. 
El día 15 de agosto (día de la Asunción de María a los Cielos) tuvo cita en el Hospital, donde el Oncólogo le practicaría algunos exámenes para enviarla a cuidados paliativos. Cuando el Médico revisó los estudios de imagen y de laboratorio se sorprendió al no encontrar la enfermedad en su cuerpo, por lo que creyó que había habido algún error, así que mandó se le realizaran nuevos estudios supervisados por el Médico tratante en persona, observando, nuevamente, que la paciente estaba totalmente libre del cáncer, sin observarse siquiera invasión del mismo, cuando, semanas atrás, en sus últimos estudios, se habían presentado con incursión a gran parte de su cuerpo. La mujer, al ver al Doctor sorprendido y sin poder creer lo que sus ojos veían, le confesó que dos semanas antes le había sido colocada la Imagen de Nuestra Señora de San Juan en su pecho, por lo que tenía este suceso a milagro. Días después dejó su expediente médico completo en el Archivo Histórico de la Catedral Basílica de San Juan de los Lagos para que constara el hecho. La señora, hoy en día, continúa libre de cáncer.

FACEBOOK: Catedral Basílica de San Juan de los Lagos
INSTAGRAM: Catedral Basílica de San Juan
TWITTER: @Virgen_SanJuan


[1] Archivo Histórico Catedral Basílica de San Juan de los Lagos. Informe de Milagros de Nuestra Señora de San Juan por el Padre Juan Contreras Fuerte en 1668.

domingo, 24 de mayo de 2020

EL MILAGRO DEL VESTIDO DE LA VIRGEN DE SAN JUAN. (Dr. José Everardo López Padilla)

Cuando el Sr. Capellán Mayor del Santuario de Ntra. Sra. de San Juan estaba gestionando en el Obispado de Guadalajara que se le construyera su tercer y actual Santuario, sucedió un hecho que el propio Obispo interesado quiso dejar asentado en las actas del Archivo Histórico y se trata del siguiente relato: 

El Ilustrísimo Sr. Obispo D. Nicolás Carlos Gómez de Cervantes (Obispo que fue de Guadalajara de 1726 a 1734), debió la vida a Nuestra Señora de San Juan, cuyo vestidito se aplicó como reliquia en cierta ocasión que estaba desahuciado de los Médicos por cierta enfermedad, que pareció ser hidropesía según se hinchaba, y habiéndose aplicado la reliquia durante la noche, al día siguiente amaneció sin la hinchazón y totalmente sano, atribuyendo los Médicos tan repentina mejoría a beneficio especial de la Gran Reina de San Juan. Así se lo contó al dicho Capellán Don Francisco del Río Tirado el mismo Señor Obispo, quien le añadió haberle sucedido cosas prodigiosas para resolverse a comenzar la Iglesia actual que es la Catedral Basílica de San Juan de los Lagos. Esta declaración se hizo el 22 de agosto de 1734. (Resumido de los documentos del Archivo Histórico de la Catedral Basílica de San Juan de los Lagos)

Fuente: 
López-Padilla, José Everardo; Gutiérrez, Jaime. (2019). La Imagen de Nuestra Señora de San Juan. Editorial Acento, Guadalajara. Jal. 

sábado, 23 de mayo de 2020

VII DOMINGO DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR. Sr. CANGO. P. TRINIDAD MÁRQUEZ GUERRERO

La Ascensión del Señor: Hch 1, 1-11; Sal 46; Ef 1, 17-23; Mt 28, 16-20

Estamos llegando el final de la Pascua. Ha sido una Pascua extraña para todos, vivida en gran parte en nuestras casas, con las puertas cerradas, por miedo, no a los judíos, como dice el evangelio que ocurrió a los Apóstoles, tras la muerte de Jesús, sino por defendernos de un microorganismo que se ha llevado la vida de personas y ha cambiado nuestra forma de vida. Aun así, tenemos motivos para alegrarnos porque, sobre todo, creemos que la muerte y el sufrimiento no son el final, sino que la vida será quien se alce con la victoria.
Hoy celebramos la Ascensión del Señor. En el Credo confesamos nuestra fe en Cristo, que «subió al cielo y está sentado a la derecha del Padre». ¿Qué significa esto para nosotros?
Nuestro evangelista Mateo, en el anuncio del ángel a María, presenta a Jesús como Emmanuel, Dios con nosotros (1, 23), y fiel a su tema, al final de su evangelio, ante la imposibilidad de ver a Cristo con nuestros ojos, nos dice que Dios permanece con nosotros, que Dios no abandona la morada adquirida con la encarnación del Hijo: “sepan que yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo” (28, 20). Según Mateo, los discípulos regresaron a su natal Galilea y allí, donde el Resucitado, por medio de las mujeres, les mandó que regresaran, se vuelven a topar con él. Jesús se reencuentra con los suyos en lo cotidiano, en un lugar cercano a aquel donde lo encontraron por primera vez, donde escucharon por primera vez su voz y su llamada. Jesús ha querido que regresen a ese contexto para volver a verlos y hacerse presente en sus vidas aparentemente normales: aunque ya no son normales, no pueden serlo porque Él ha pasado por ellas y las ha transformado. Algo así tiene que ser la experiencia de nosotros como discípulos suyos.
En el texto de los Hechos de los Apóstoles se nos insiste en el valor de la comunidad. La promesa del Señor es a su Iglesia, a la comunidad. Se nos dice que cuando Jesús se les aparece están reunidos a la mesa. De nuevo es en el banquete, en el compartir, en la comida fraterna donde Jesús se manifiesta, como tantas veces lo hizo durante su vida. Y les promete que cuando el Espíritu Santo descienda sobre ellos, los llenará de fortaleza y para que sean sus testigos hasta los últimos rincones de la tierra.
Hoy la Iglesia no celebra la partida del Maestro sino la partida de los discípulos: “Vayan, pues, y hagan discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.
El poder que le ha sido dado al Hijo es, en cierto sentido, transmitido a sus discípulos, que tienen la tarea de asegurar su presencia en el mundo. Es la presencia de Jesús en el mundo a través de la Iglesia. Es una orden precisa y permanente, Jesús tiene pleno poder y manda que se bautice y enseñe a todos los pueblos, enseñándoles a cumplir todo lo que él nos ha mandado, al tiempo que nos asegura su presencia.
La vocación del cristiano, inserto en la Iglesia, es la de ser signo de la presencia de Dios en el mundo y hacer nacer en los otros el deseo y la exigencia de establecer la misma relación con Jesús. Como no es posible llegar a todos ni alcanzar a todos. Si mi vida, iluminada y transformada por la presencia del Resucitado, toca a alguno, se hace significativa en relación al bien de la humanidad entera. No es cuestión de multiplicar las actividades, sino de dar intensidad y trasparencia evangélica a la propia existencia.
No podemos quedarnos plantados, parados, mirando al cielo; es necesario entrar dentro de sí y partir inmediatamente. Efectivamente, hoy más, que nunca, la Iglesia necesita la colaboración de todos, donde quiera que nos encontremos y sea cual sea nuestra profesión o nuestro trabajo, somos enviados, como cristianos, a comunicar a nuestros prójimos, de palabra, de obra y con un estilo de vida que sea creíble y elocuente, la misión que nos encarga Jesús, instaurar su reino de justicia, paz y amor.
Hoy celebramos también la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. El mensaje del Papa Francisco para esta jornada nos recuerda que el hombre es un tejedor de historias, un narrador necesitado de historias, pero que no todas las historias son buenas ni le son favorables. Es la Sagrada Escritura la Historia de las historias, que contiene la historia de Cristo, una historia que se renueva.
A Cristo podemos narrarle las historias que vivimos, llevarle a las personas, confiarle las situaciones. Con Él podemos anudar el tejido de la vida, remendando los tejidos rotos y los jirones.
Con la mirada del Narrador, el único que tiene el punto de vista final, podemos acercamos luego a los protagonistas, a nuestros hermanos y hermanas, actores a nuestro lado de la historia de hoy, en la que podemos ser portadores de esperanza, ser personas ilusionadas que, ante un mundo egoísta, podamos mostrar un amor desinteresado; ante un mundo centrado en lo inmediato y lo material, podamos ser testigos de los valores que no acaban. Es algo que podemos hacer todos: los consagrados a Dios en nuestro diario servicio a la caridad, los padres para con los hijos y los hijos para con los padres, los mayores y los jóvenes, los políticos, los maestros, los médicos y los auxiliares de la salud en su atención a los contagiados por el coronavirus. Seamos narradores de la única historia que puede sanar nuestras vidas, la historia de Dios con nosotros.
«Por tu limpia Concepción y belleza sin igual, cúbrenos con tu manto, Madre Santísima de San Juan».